Qué pequeño Sol… Para un Dios

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Cuando se habla de un Sol pequeño… para un Dios, se piensa en una blasfemia, pero no es así. Será grande para nosotros pero para un Dios, simplemente es una fogatita.

El Sol, como diseño, resulta pequeño para un Dios. Queda corto, como otros diseños suyos.

No pretendo cuestionar si Dios existe (aunque abunde evidencia de ello);  ni tampoco que no existe (aunque también, abunde evidencia de ello); en todo caso, con respecto a Dios y nosotros, hay ciertas cosas que cuestiono.

FALTA DE CONFIANZA.

No confío en una civilización que usa paracaídas para aterrizar (amarízar, más bien) las naves espaciales con las que explora el espacio; o que los usan para meter freno a los autos o naves impulsados a gran velocidad. ¡Qué tecnología tan avanzada! ¡Qué frenos tan pobres!
Mucho avance tecnológico se requiere para lograr viajar al espacio y alcanzar altas velocidades,ni duda cabe, pero ¿un paracaídas para frenar la caída de las naves espaciales que vuelven a la tierra? ¿No alcanza para más a la tecnología espacial?

Cómo confiar en una civilización que para sostener suspendidas sus naves en el aire utilizan ¡Hélices! Eso está bien para ventilar o refrescar, pero no para presumir autos voladores. Y sus aviones, helicópteros, autos, toda su estructura no son más que láminas unidas por remaches.

Si los extraterrestres estuvieran ya entre nosotros, mal nos iría. La tecnología espacial que les permitió localizarnos y viajar hasta nosotros, sería suficiente para conquistarnos o eliminarnos (en caso de venir belicosos) y nada podríamos hacer para evitarlo. ¿Para ayudarnos? No lo creo. Y si así fuera, entonces, ahí tienen, entre otros, a los bichos que nos enferman y matan como el covid-19 para combatir y eliminar.

En fin, no estamos listos para defendernos de lo de afuera ni para emigrar a otros lares.

El Sol… ¿Qué es el Sol?

El Sol es un poderoso centro de atención: su luz da vida, calor y mantiene unido el sistema solar.   El Sol es una estrella enorme. Con un diámetro de 1,4 millones de kilómetros podría albergar a 109 planetas en su superficie. Si fuera hueco, más.
En el núcleo del Sol, se producen reacciones de fusión en las que el hidrógeno se transforma en helio, que genera la energía. Unas pequeñas partículas de luz llamadas fotones transportan esta energía a través de la zona radiante hasta la capa superior del interior del Sol, la zona convectiva. Ahí, el movimiento de los gases hirviendo (como en una lámpara de lava) lleva la energía a la superficie. Este viaje dura más de un millón de años.

Y a pesar de esta majestuosidad, difícil de entender, a pesar de ello:

! QUÉ PEQUEÑO SOL… PARA UN DIOS!

Tan pequeño, que hasta los chinos ya se lo fusilaron. En pequeño, pero su sesuda ciencia lo obtuvo.

Es claro que sin un sol, todo aquí en la tierra, todo, dejaría de existir. Pero, después de todo ¿Qué es el Sol? No es más que ¡¡una fogata!! Pequeña para un Dios, monumental para nosotros, pero fogata. ¿Cómo confiar en un Dios que para apartar la oscuridad o el frío, echa mano de una fogata? La sola esencia de un Dios debería bastar para iluminar y calentar, dar vida, sin necesidad de fuegos artificiales.

De hecho, nosotros también hacemos fogatas. Pequeñas para nosotros, pero monumentales para cualquier insecto que ronde por ahí. A nuestro nivel, y porque nuestra esencia no permite otra manera de iluminar y calentar, es comprensible, pero para los insectos tal vez después de admirarse, cuestionen.

¿PUEDEN PERO NO QUIEREN? O…

 ¿QUIEREN PERO NO PUEDEN?

Dios, los Dioses, o los Extraterrestres, no quieren o no pueden ayudarnos en nuestras penurias. Si pudiendo, no quieren, mal resulta para nosotros, porque:

“Tan culpable es el que mata la vaca,
como el que le agarra la pata”

Pero, si queriendo, no pueden, igual, mal negocio nos resulta, pues bastará un fenómeno natural, plaga o bichos cuasi invisibles (como el temible covid-19) y que son abundantes, para poner a Dios, los Dioses, Extraterrestres y claro, a nosotros, humillados e indefensos de rodillas. No se ellos, pero a nosotros nos va mal en el pago de facturas por estos males. Como siempre:

«En el caos de la batalla, cuando el suelo debajo de tus pies está resbaloso por la sangre, el vómito, la orina, las entrañas de tus amigos y enemigos, es fácil pedirle a los Dioses la salvación, pero son los soldados los que luchan y son los soldados los que mueren, los Dioses nunca se ensucian los pies»

 Ante lo que es natural y que ocurrirá naturalmente, con o sin intervención alguna ¿En qué papel  deja eso a Dios o Dioses?

Como sea:

¡¡Que pequeño Sol… Para un Dios!!

Es tiempo, me parece, dar un salto en la manera de entender y concebir a los Dioses y sus Obras. Tal vez el sistema actual no requiera mejoras o correcciones porque la transitoriedad es su esencia, pues solo estamos de paso.